El cursi y tedioso "día del amor", pasó sin pena ni gloria, mi burocrático trabajo terminó por solo quince días de glorioso descanso, el viernes llega, y todas las puertas del desmadre se abren, las calles se ensanchan, el rock vibra, Guanatos arde, y el zona bar me espera con los brazos abiertos, el vértigo del suspenso nocturno invade mi vientre, llegaré al bar, saludaré a mis amigos, nos daremos un fuerte abrazo, bailaremos y beberemos cervezas como leche, lo único que le da sabor a mi somnífera rutina actual: es el viernes...salgo de casa ante la reprobatoria pero resignada mirada de mi madre, con look de botas a-go-go, falda corta, saco de peluchito, peinado grunge, mini bolso, celular, y un casete con algún tema de pearl jam, luego mi carro en la avenida hasta el bar, la fraterna bienvenida de mis noctámbulos colegas del fin de semana, una cerveza indio en mi mano, y la noche rueda...eterna noche que me envuelve y me seduce, y es delicioso, pero son las diez, y ya todos me esperan treinta cuadras hacia el centro...
Febrero 2000.








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