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La Coctelera

Categoría: Ensayo

Literatura Ensayo

La felicidad

 

Hace un año fui feliz...si, debo admitirlo, fui feliz, viendo la felicidad como un fenómeno extraño raramente experimentado en mi vida...hace un año fui feliz, pero, ¿Qué es la felicidad?,  ¿se han puesto a analizar ustedes que cosas o situaciones los han hecho sentirse felices y en que determinadas épocas de sus vidas?...echando mano a mi memoria, recuerdo que mi niñez no fue muy feliz que digamos, la posición económica de mi familia era más que buena, recuerdo que una vez le pregunté a mi papá si éramos millonarios, mi padre me respondió que si, tomando en cuenta que poseíamos millones de pesos. Vivíamos en una gran residencia donde a menudo pasaban fenómenos paranormales, yo hice mi primaria en varias escuelas de paga, y cada vez que me estaba acostumbrando a una, sin decir agua va, mis padres me cambiaban de escuela, a eso le atribuyo hoy en día mi naturaleza inestable;  recuerdo, que en la escuela siempre fui buena alumna, algo floja si tomamos en cuenta que asimilaba muy rápido las cosas que me enseñaban, y más de 2 veces terminé preguntándole a mis maestros "si no tendrían algo más interesante que enseñarme"...la relación con mi madre era fría y distante, siempre sentí una abierta preferencia de ella por mi hermano Carlos, mi papá era más afectuoso conmigo, y su trato hacía nosotros como hijos: era imparcial y diplomático, supongo que por haber sido en mi niñez más cercana a mi padre, es que yo tengo en mi edad adulta una personalidad más ambigua y masculina. no obstante yo llegué a sostener fuertes enfrentamientos a grito pelón con él desde que yo contaba con tres tiernos añitos, ¿motivo?: defender a mi madre de sus pleitos maritales...lo único que recuerdo que me hacía verdaderamente feliz en ese entonces: era escuchar música y estar con mi abuelito Carlos...mi abuelo era el abuelo perfecto, cariñoso, alcahuete y consentidor, yo, cuando era niña, y mis papás me iban a dejar los fines de semana a su casa:  me sentía Heidi subiendo a las montañas nevadas para ver a su abuelito...creo que esas fueron algunas de las veces en mi infancia en que me sentí verdaderamente feliz, pues aunque teníamos dinero, yo nunca tuve todas las barbies que iban saliendo al mercado, a esa edad las niñas queremos juguetes, no ropa, y a mi me atiborraban de ropa, raramente de juguetes, rara vez tuve los juguetes que quería, mis padres preferían que tuviéramos la despensa llena a gastar su dinero en comprarnos juguetes...en los años ochentas descubrí a Michael Jackson, y un shock emocional se apoderó de mi durante el final de mi infancia y el principio de mi adolescencia, cuando yo veía bailar a ese hombre: era feliz, tomando en cuenta que a esa edad es más sencillo ser feliz en base al desconocimiento general de la vida y el mundo, ósea que era una felicidad basada en algo meramente elemental...puedo asegurar que Michael Jackson fue el primer artista que me impactó de manera devastadora y permanente...en la adolescencia comencé a sufrir los complejos propios de la edad de las confusiones, desde muy chica padecí depresión, pues sentía haber venido a la vida a encontrar un amor o un afecto que solo me perteneciera a mi, idealicé el amor desde muy chica, desde muy chica tuve largos periodos de tristeza y soledad, en la adolescencia me enamoré de un niño de mi salón que se llamaba Danny, era rubio y de ojos verdes, nos escribíamos cartitas de amor en hojas de hello kitty, las cartas que el me daba eran perfumadas, nos hicimos la pinta un día juntos y nos fuimos a ver la venganza de los nerds a multicinemas plaza del sol, a ese niño le di mi primer beso en el baño de los niños de la escuela, ambos cursábamos sexto grado, y yo era feliz porque tenía noviecito con carita de bebé gerber, que se había casado conmigo en la kermesse de nuestra escuela...han pasado 22 años desde todo aquello...y aún a veces, cuando escucho "silly love songs" de Paul McCartney, me pregunto que será hoy en día de aquel niño llamado Danny...en los noventas entré a la secundaria, creo que ahí me harté definitivamente de intentar adaptarme a las escuelas, entré en una rebelión importante, le pedí a mi padre que me sacara del campo de concentración que era la secundaría técnica donde me habían encarcelado, un lugar donde a nadie le interesaba motivar mis aptitudes artísticas, los maestros tenían faltas de ortografía, y cualquier sospecha de libre pensamiento en los alumnos era tomado por inmoralidad o desacato...como mi padre no me sacaba de ese infierno: comencé a hacerme la pinta escuchando a John Lennon en mi walkman, me salí de esa secundaria y terminé esa etapa de mi educación haciendo secundaria abierta de una manera más relajada para mi, a mi nunca me ha gustado que me impongan leyes, a esa edad a mi ya no me motivaba más nada que expresarme escribiendo, lo único que me hacía feliz entonces: era el descubrimiento artístico y mi abuelito, pero en un giro desafortunado del destino: mi abuelito se murió...desde aquel entonces yo ya quería escribir, publicar mis ideas, que la gente me leyera...pero me dediqué a cantar los siguientes 12 años, canté en comerciales de tv y radio, canté en festivales, canté en televisión, canté y canté...hice algo de cine a los 19 años, cuando tenía 21: murió mi padre, un par de años más tarde nació mi sobrina Lía del Carmen: otro irrepetible momento de gran dicha en mi vida, nunca olvidaré la primera vez que la cargué en mis brazos, era diminuta, prematura, cálida y frágil...perfecta. Hasta la fecha la considero la hija que nunca he tenido...en materia de amores mi vida era gris oscuro, entre mis amores conté a un intento de fotógrafo empleado de la CFE, un guitarrista de un grupo de punk underground, y un escritor 20 años mayor que yo...después vino a mi vida Jorge, un joven asesor de político, y quisiera decir que fui feliz, pero no fue así, la ambivalente relación tormentosa de encuentros y distancias duró 3 años entre besos, insultos, cachetadas y abrazos...luego de aquello, a los 26 años conocí a Toto...y créanme queridos lectores: una nueva dimensión de felicidad se me abrió de par en par, gloriosa, luminosa, como un tesoro buscado largo tiempo...el amor llegó, llegó como un poderoso tsunami, no lo pude evitar, y una vez inevitable: no lo pude contener...el amor llegó en la forma de un sencillo muchachito de pelo engomado y chamarra de cuero negro, que miraba de manera curiosa y sonreía de un modo natural, relajado, despreocupado...y sin temor a equivocarme, puedo jurar que nunca en la vida fui yo más feliz, tan feliz, que en muy poco tiempo supe que si no pasaba el resto de mi vida a su lado: yo no sería completamente feliz nunca más...la felicidad hizo escala en mi vida un año y medio...comprendí con Toto a mi lado, que la felicidad más genuina de la vida: proviene directamente del amor...la felicidad hace que una se sienta renovada, con entusiasmo por la vida, con planes a futuro y ojos brillantes...nunca en la vida fui mas feliz que entonces, nunca antes ni nunca más después...el amor llegó y el amor se fue buscando otras emociones, y no volví a verlo en muchos años, y mi vida se sumió en un pozo húmedo oscuro y pantanoso de desdichas y añoranzas, así que viví 3 años en vagas tinieblas...hasta que encontré a Alejandro...Alejandro me amó como nadie nunca me ha amado, Alejandro me ama como nunca más lo hará nadie...encontré un joven hombre, guapo, culto y sensible, me casé con él, y nos fuimos a vivir juntos, fui feliz en otra proporción más tranquila de alegría, ese amor no era pasional ni avasallador como el que conocí con Toto, con Alejandro yo fui una relajada ama de casa, cuya felicidad radicaba en ordenar mi hogar, prepararle la comida diaria a mi marido, esperarlo con su cena lista y su ropa limpia cada noche, y cambiarle su caja de arena a nuestro gato cada 3 días...luego vinieron las broncas y nos separamos en 2008...entonces Toto volvió...yo lo recuerdo así: "y ahí estás, después de recordar largos años un solo amor que lo significó todo en tu pasado, estás ahí, temblando de emoción sabiendo que la persona que significó toda tu dicha años atrás: volverá a reencontrarse contigo en solo unos minutos...y de repente lo ves detenerse a tu lado, en un carro nuevo que no le conociste en el pasado, y cuando la ventana polarizada de la puerta va bajando y descubres dentro de ese carro a esa persona tan recordada y valorada tanto tiempo: los segundos se congelan y la gente alrededor se mueve en cámara lenta, ves esos ojos mirándote, y esa boca sonriéndote con esa sonrisa adorada que tanto anhelaste volver a ver tantos años perdidos...ni cuenta te das de si ha cambiado o si está más jodido o más delgado, tu lo ves perfecto, y entonces lo sabes, lo sientes, te lo dice la vida, te lo grita el destino: esa es y será por siempre la  felicidad más genuina que conoces, no hay nada sobre el mundo que se le pueda comparar...el amor habla despacio, y su voz es el cantar de los cantares, y despide un fresco aroma a flores recién cortadas, y la tibieza que emana su cuerpo te hace sentir protección y ternura, y tiene sin duda las manos más confiables del mundo, y sus ojos tienen una mirada única, irrepetible por más que se busque, son unos solos ojos, y esa es, una boca única también, tanto, que al solo nuevo contacto de tus manos con las suyas: sientes que vuelves a casa, y la felicidad está ahí, en todo lo que él es a un lado tuyo, y tu puedes volver a sentir la felicidad al alcance de la mano, y valoras como nada en la vida poder tocarla una vez más"...esa etapa, hoy, hace un año: fue de inolvidable felicidad para mi...escuchaba a Dido cantar todo el día "here with me", me mareaban en mi lecho los aromas a amor retornado muchas horas después de que Toto se marchara de mi casa, abría las ventanas y la luz entraba grande, plena, radiante en todos mis espacios, y yo deseaba gritarle al mundo entero que todos se habían equivocado, que yo siempre había tenido razón, que ese hombre me amaba, y por eso había regresado junto a mi...estos son, queridos lectores, las cosas, que han significado la felicidad en mi vida...queda más que claro, ¿verdad?, por eso escribí al principio de este post, que hace un año fui feliz, hasta hace un año, fui feliz, y bendigo a Dios, al destino o quien haya sido responsable directo de la felicidad perfecta que viví el año pasado, aunque hoy, un año mas tarde: ya no tenga el motivo de esa dicha junto a mí...

Literatura Ensayo

LA MUERTE DEL SUICIDA X

 

ERA UNA NOCHE FRÍA DE OCTUBRE, EL SUICIDA X CAMINABA VAGANDO LAS CALLES DE MIRAVALLE: SU BARRIO, AGOBIADO QUIZÁS POR LA ANGUSTÍA NATURAL DE SUS ADICCIONES, TAL VEZ ATORMENTADO POR EL RECUERDO DE ALGUNA PASIÓN MAL CORRESPONDIDA, CAMINABA SIN RUMBO Y SIN OBJETO, CON LA VISTA PERDIDA, SÓLO CON UNA IDEA GIRANDO EN SU MENTE: NI UN SÓLO DÍA MÁS VIVIENDO ASÍ, NI UN SÓLO DÍA MÁS TENIENDO QUE LUCHAR CONTRA ESAS VOCES ENLOQUECEDORAS, NI UNA NOCHE MÁS COMBATIENDO A LOS DEMONIOS DE SU MENTE, LA POCA GENTE QUE PERMANECÍA EN LA CALLE A ESAS HORAS LO MIRABA CON RECELO Y DESPRECIO, EL SUICIDA X SABÍA MUY BIEN QUE NADIE LO ECHARÍA DE MENOS, PENSÓ EN CIEN FORMAS DISTINTAS DE ACABAR CON SUS INFIERNOS PRIVADOS, ECHÓ UN ÚLTIMO VISTAZO A SU CUERPO DESGASTADO POR LAS PENAS A PESAR DE SU EVIDENTE JUVENTUD...LAS BOTAS SUCIAS, CASÍ ROTAS, SU PANTALÓN DE MEZCLILLA JODIDO, TANTO COMO EL, Y SU ROÍDA CAMISA AMARILLA QUE YA NO LO PROTEGÍA DE AQUEL: SU ÚLTIMO OCTUBRE...PENSÓ EN LA MUERTE COMO EL ÚNICO RECURSO RELAJANTE E INMEDIATO. CERRÓ SUS OJOS EN UNA ESQUINA CUALQUIERA, SIMTIENDO EL AIRE NOCTURNO GOLPEANDO HELADO CONTRA SU CARA, SINTIÓ ODIO CONTRA SU SUERTE, SINTIÓ ODIO CONTRA DIOS...Y SE REGOCIJÓ CON UN ÚLTIMO PENSAMIENTO FUGAZ, COMO SU ÚLTIMO ALIENTO: "SÓLO UNA VEZ LOS HUMANOS PODEMOS GANARTE LA PARTIDA DIOS, PORQUE NOSOTROS TE NOS ADELANTAMOS DECIDIENDO NUESTRA MUERTE, TÚ DECIDISTE TODA MI VIDA Y MI SUERTE, PERO ESTA NOCHE YO DECIDO MI FINAL SIN QUE TÚ PUEDAS INTERVENIR EN NADA"...EL SUICIDA X VIÓ POR FÍN LA CALLE DESIERTA Y OSCURA, UN POSTE CERCANO FUÉ IDEAL PARA SU ANHELADO PROPOSITO, SE QUITÓ SU VIEJA CAMISA AMARILLA, LA AMARRÓ AL POSTE, PENSÓ UNA ÚLTIMA VEZ EN SU INÚTIL VIDA, EN SUS PADRES Y EN SU ÚNICO GRAN AMOR, SUBIÓ POR EL POSTE AMARRANDO SU CUELLO A UNA MANGA DE LA CAMISA: Y SE DEJÓ CAER HACIA ESE FRÍO CONCRETO QUE YA JAMÁS VOLVERÍA A PISAR...UNOS CUANTOS INSTANTES DE ASFIXIA DESESPERADA, Y EL SUICIDA X ESTABA FUERA DE SU CUERPO...FLOTANDO, MIRANDO SU CUERPO INERTE COLGADO DEL POSTE...SE SINTIÓ LIBRE Y FASCINADO, SE SENTÍA REALMENTE ALIVIADO DE FINALMENTE PODER ABANDONAR AQUELLA VIDA Y AQUEL CUERPO LACERADO Y ESTORBOSO, MIRÓ AL PRIMER TRANSEUNTE HORRORIZADO QUE DESCUBRIÓ AQUEL ESPECTACULO MACABRO EN PLENA CALLE...AL POCO TIEMPO LOS NOTICIEROS CUBRÍAN LA NOTA, Y MUY DENTRO DE SU ALMA LIBERADA: EL SUICIDA X SABÍA QUE NADIE LO VELARÍA, QUE NADIE RECLAMARÍA SU CUERPO, QUE NADIE SABRÍA SU NOMBRE, Y QUE ESE CUERPO RIGIDO COLGADO EN EL POSTE: TERMINARÍA OLVIDADO POR TODOS EN ALGUNA FOSA COMÚN...ENTONCES EL SUICIDA X MIRÓ A UN LADO SUYO UN ESPECTRO FRÍO, HUESUDO, BLANCO, CON UNA GUADAÑA EN SU MANO DERECHA, Y AUNQUE NUNCA ANTES LA HABÍA VISTO: SINTIÓ CÁLIDO SU ABRAZO LUMINOSO, EN BRAZOS DE AQUELLA HERMOSA DAMA BLANCA: EL SUICIDA X VOLVIÓ A SENTIR AMOR VERDADERO, Y POR PRIMERA VERDADERA VEZ: LOS DEMONIOS LO ABANDONARON, Y SINTIÓ QUE POR FÍN TENDRÍA UN VERDADERO HOGAR PARA DESCANSAR...LA HERMOSA SEÑORA BLANCA LO TOMÓ EN SUS BRAZOS Y JUNTOS ABANDONARON AQUELLA CALLE AHORA REPLETA DE CURIOSOS MORBOSOS, VOLARON HACÍA UN NUEVO REINO DE LUZ, MIENTRAS EL SEMEFO RETIRABA CON INDIFERENCIA EL CADAVER DE AQUEL POSTE...
 
                       -ADRIANA DAMMIEL MORA: PARA EL SUICIDA X, MUERTO EN MIRAVALLE EN OCT DE 2005

Ensayo

ES TU CUMPLEAÑOS...Y YO ESTOY MUERTA....

 

Ha llegado agosto, hoy es tu cumpleaños, todas las noches llueve, a veces fuerte y a veces finito, medio duermo en la oscuridad con tu recuerdo en la almohada de junto, y tengo felices sueños idiotas donde vives conmigo y nadie nos puede separar...el silencio se hace presente entre nosotros nuevamente, porque en este momento te conviene callarte, por el momento ya no necesitas nada más de mi que todo lo que ya te dí...pero yo sé que sigues buscando con frecuencia las cosas que te escribo...y esa certeza me mantiene viva, enferma del alma: a pesar de todo...te escribo sintiendo que estamos en galaxias distantes, océanos de tiempo y espacio nos separan...irónicamente estamos tremendamente cerca...y me consumo, siento de un tiempo a la fecha que me apago...pero mi amor-odio por ti sobrevive...es tu cumpleaños, y para mi no hay nada que celebrar, para mi es día de luto...yo estoy de duelo, querer hablarte una vez más es parecido a querer hablarle a un muerto, y sería de hecho más fácil hablar con un muerto que contigo, solo tendría que agarrar una ouija y hacer contacto, tú estás aún más inaccesible para mí que cualquier muerto....tal vez cuando ambos estemos muertos: podamos volver a hablar, tal vez muertos pueda darte el maldito abrazo que tanto me muero por darte...todo este tiempo he estado luchando contra mi misma para no odiarte, porque profundamente intento convencerme que no tiene lógica odiar lo que más se ha amado...pero es tan difícil...de pronto se hace tan difícil...tan difícil como la vida misma...cántame para poder dormir, y luego déjame sola...hace un año preguntaste de cuantas vidas atrás nos conocemos, porque sabes que lo nuestro viene de vidas atrás, hoy yo te pregunto: ¿hace cuantas vidas me atormentas?...me atormentas al punto de sentir el aire irrespirable y la vida una espesa cloaca de mil mierdas...me atormentas al punto de desear la muerte como un paraíso perdido...este día te recuerdo, que juraste estar conmigo, que dijiste que nos iríamos lejos juntos, donde nadie pudiera volver a separarnos, y lloraste en la oscuridad de mi cuarto, y dijiste que yo era el amor de tu vida...admiro tu valor para ser tan cobarde, se necesita una gran dosis de poca madre para ser lo que eres...Oscar Wilde tenía razón: cada uno mata lo que ama...porque no tengo duda alguna de que me has amado con el amor más destructivo del mundo, hay amores que matan: y el tuyo es uno de ellos...eres tan honestamente mentiroso, tan cruelmente noble y comprensivo, tu serenidad desespera...y saco tu pinche foto del cajón, inevitable en este día, para sufrir con ella como quién disfruta mucho de un flagelo, recuerdo hace años, cuando todo nos unía y nada nos separaba, que tomaste mi mano en aquel viejo grand marquis, y me dijiste que para ti nunca existiría otra mujer...y recuerdo perfectamente tu risa de entonces, tu mirada de siempre, yo me enamoré de esa sonrisa, yo nunca olvidé esa mirada...esa mirada me siguió años aunque no pudiéramos vernos...a donde yo haya ido estos 6 años: te he llevado conmigo, yo nunca he abandonado tu recuerdo, yo nunca te abandoné, tu siempre me tuviste, tu te alejaste, tu huiste, tu te acobardaste: yo no...yo nunca...yo siempre creí en ti...estoy tan cansada de todo, tan harta de esta vida, te odio tanto, más que hace un año cuando volviste para darme el tiro de gracia, porque hace un año cuando volviste yo ya estaba resignada a no volverte a ver jamás, y aún justificaba tus errores en base a la inmadurez de la edad que tenías cuando te conocí, pero ahora eres un hombre, y lo que regresaste a hacerle a mi vida no tiene madre...solo me resta decirte en este 26 de agosto, lo que escribió el compositor mexicano Luis Demetrio en una canción que cantan gloriosamente Bunbury y Vegas: te odio tanto, que yo misma me espanto de mi forma de odiar, deseo que después de que mueras no haya para ti un lugar, el infierno es un cielo comparado con tu alma, y que Dios me perdone, por desear que ni muerto: tengas calma...feliz cumpleaños...perro ingrato.

 

Literatura Escritores Ensayo Barrios

El centro es nuestro, o “yo he sido tan feliz contigo”…

Por Dammiel Mora

Alejandro, mi compañero de vida de los últimos 4 años, y yo, nos vimos este domingo pasado en alguna calle del centro de mi ciudad, Guadalajara, para pasar la tarde juntos, quedamos de vernos a las 2:30 pm a una cuadra del santuario, pero mi romeo de rizos engomados llegó medía hora después, (Ale nunca se ha caracterizado por su puntualidad de caballero inglés), después de aventarle a la jeta un largo reclamo, nos dimos el acostumbrado beso de piquito y nos tomamos de la mano, caminamos hacia el mercado corona platicándonos las novedades semanales de nuestros trabajos…en el mercado corona nos comimos 2 tortotas de pierna dorada, (aquí a ese tipo de tortas que son grandotas y de pierna les llaman “tortas locas”), y seguimos caminando las calles del centro como desde hace cuatro años, cuando nos conocimos: dándonos largos besos, mirando aparadores, haciéndonos bromas…después nos metimos a un bar y nos bebimos una cubeta de coronas frías, Ale me tomaba fotos con su celular nuevo, yo le tomaba fotos a él con el celular que me acaba de regalar, comimos 6 platos de palomitas con chile, y yo me pasé la tarde quejándome de que en esos bares parece que no conocen otra música para ambientar que no sea de banda, (y que me perdonen los banderos, pero es que para empezar: a mi eso no me parece música), en ese momento comenzó a sonar “tu de que vas” de Franco de Vita, (la canción de nuestro amor), y los 2 guardamos silencio, y nos miramos a los ojos adivinando ambos lo que sentimos cuando comenzó esa canción…sentimos que nos encontramos hace 4 años, que nos hicimos novios precipitadamente, que más precipitado fue irnos a vivir juntos de inmediato, luego nos casamos, y vinieron meses de no terminar de acoplarnos, meses de darnos cuenta que éramos completamente opuestos, meses de compartir un amor intenso lleno de gritos, besos, riñas, escándalos, ofensas, violencias, abrazos, te odios y te amos sin final…3 años compartimos techo y cama, yo le tenía el departamento limpio, su ropa perfumada y la comida lista cada día, dormíamos abrazados, tuvimos 2 mascotas, 2 gatos que fueron nuestros hijos amados…y hace un año ese apasionado amor de intensos altibajos llegó a su limite de paciencia, y nos mandamos categóricamente a la chingada…y la separación fue igual que todo en nuestra historia: precipitada, Ale tuvo sus romances lejos de mi, y yo me consolé esperando rehacer mi vida con mi gran amor de hace 8 años…al final tanto los intentos de Alejandro como los míos por ser felices separados: fracasaron, una tarde nos vimos, hicimos memorias, reímos, lloramos…volvimos…y las broncas no han terminado, a fin de cuentas Ale y yo seguimos siendo completamente distintos, pero ahora somos más pacientes, más tolerantes, menos egoístas…no hemos vuelto a vivir juntos, aún estamos temerosos de reiniciar aquel paraíso-infierno en que vivíamos, Alejandro nunca ha aceptado mi personalidad de escritora, ama a la mujer detrás de mi alter ego, pero odia todo lo que representa Dammiel Mora, no le gusta que intensa y desgarradoramente escriba de mis ex amores, es un hombre muy celoso, me ha tomado años imponerme y hacerle entender que mi libertad creativa no está a discusión y es un terreno sagrado en el cuál no le permito opinar ni decidir cosa alguna…a Alejandro no le ha quedado más que aceptarlo resignadamente, de igual forma yo ahora soy más tolerante con cuestiones de su personalidad que durante nuestro matrimonio no le aguantaba…en este último año vivimos una tormenta que casi destruyó nuestra relación para siempre…y finalmente volvimos a sacar a flote nuestro barco…nos vemos 4 veces por semana, 3 en algún restaurante o bar, donde reímos, bebemos, comemos, y los domingos nos vemos desde temprano en su casa, le cocino lo que le gusta comer, vemos la tv abrazados, hacemos el amor tranquilamente, los fantasmas del pasado no los tocamos, no hablamos de lo que nos hace daño, no nos hacemos reproches, este año ambos estuvimos muy enfermos: yo con mis crisis de ansiedad y él tuvo principios de apendicitis, él me cuido en mi enfermedad y yo en la suya…nos apoyamos como la pareja que a pesar de cualquier cosa: somos desde hace 4 años…el lazo entonces se reforzó más que nunca, pude ver el domingo pasado, que Ale me mira con un amor con el que ningún hombre me ha mirado jamás…mi escritor favorito, Ricardo Garibay, escribió un libro soberbio, una novela hermosa llamada “el joven aquél”, que trata sobre el amor de su vida, una mujer que conoció siendo un adolescente en la escuela, con la que vivió un gran amor, y que nunca, hasta su muerte: pudo olvidar, esta mujer se llamaba Nadia, pero Garibay se casó con Minerva, y esta mujer supo respetar su obra sin entrometerse en ella, por eso Garibay nunca escribía sobre ella, su esposa no quería ser musa, ni que los lectores de Garibay hablaran de ella, ella se mantuvo dignamente en el lugar que tuvo: el de esposa y compañera del escritor…y duraron juntos décadas, hasta la muerte de Garibay. De igual manera yo rara vez escribo sobre Alejandro, pero el mundo entero sabe que él es mi pareja, mi compañero de vida, mi cómplice de locuras, mi mano derecha, mi aliento…yo escribo de mis cosas cotidianas, de las injusticias que veo en el mundo que me rodea, escribo sobre mi familia y sobre algún amor, el más intenso de mi pasado…pero cuando me enfermo o necesito una mano: la que me sostiene es la de Alejandro, la luz que veo en total oscuridad: son sus ojos…que han sido para mi faros, los últimos 4 años de mi vida…yo no sé cuanto tiempo estemos juntos, no sé si algún día tomaremos rumbos distintos de nuevo y esta vez para siempre, lo que sé es que Alejandro ya se ganó su lugar en mi alma, y que el hombre con el que camino diariamente de la mano en la actualidad: es él…esa tarde salimos del bar y caminamos Pedro Loza para despedirnos nuevamente en el santuario, en el camino le tomamos fotos a casas antiguas, (porque a Ale y a mi nos gusta mucho la arquitectura colonial y las casas viejas del centro), las cervezas consumidas nos hicieron decirnos 7 veces “te amo” en cada esquina, y nos fuimos cada uno a su casa con la sensación grata de haber compartido la tarde con alguien que ha estado con nosotros en las buenas y en las malas, en lo prospero y en lo adverso, tal vez a futuro para todos los días de nuestras vidas…¿necesitamos volver a casarnos para reafirmarlo?...¿necesitamos volver a vivir juntos para arriesgarnos a enfrentar nuestras diferencias y volver a darle en la madre a nuestro amor?...por el momento: no. Por el momento estamos juntos, vivimos el aquí y ahora, el hoy inmediato, y si no compartimos un techo, no importa, el centro siempre ha sido nuestra casa, y Ale, esto es para ti, que lo oiga el mundo y lo escuche Dios: yo he sido tan feliz contigo!!!

Literatura Escritores Ensayo

Gracias al revuelo y controversia que el poema Del Seis causó en este blog: aquí les va un fragmento de otro texto del mismo autor...

El viaje de Natasha no tiene fin…

(Fragmento)

Cuando mi mujer se lanza

En erótico clavado

Desde el trampolín

Del cielo

Se sumerge desnuda

En la piscina de mi ser

Alucinado

Pero…

Nunca puede llevar

Su cálido cuerpo

De sirena noctámbula

Hasta las aguas turbulentas

Verdes

Fangosas

Negras

Que almacena mi corazón

Es mi bella dama azul

Una vampiresa ebria

Que recorre los bares

Nocturnos

Sórdidos

De la ciudad

De mi cuerpo

En busca perpetua

De mi sangre

Toda

Para beberla hasta

La última gota

Ella llora tequila añejo

Las frías noches

De invierno

Mientras mira la negrura

Del cielo

Donde sus ojos cansados

Azules

Verdes

Localizan mi rostro tatuado

En la bóveda celeste

Mi chica tiene las venas

Llenas de hachís

(Ensueño sagrado)

Que al abrazarme

Me llena de ensueños

Todo

Hasta convertirme

En una sombra eterna

Lejana

En busca angustiosa

Del fuego explosivo

De su cuerpo

Donde el rocío es lava

Esperándome

Diario

Para bañarme de locura

Toda una vida…

(El seis)

Literatura Escritores Ensayo

¿HAS ESTADO FRENTE A UN ESCRITOR?

POR GUILLERMO FADANELLI

La mañana del sábado siete de enero me levanté maldiciendo al mundo. Eso es lo que hago todas las mañanas, maldecir al mundo por abrir los ojos y encontrarme de nuevo conmigo mismo. Qué bueno que no tengo un perro porque le patearía el culo todas las mañanas. Pero tengo una mujer. Así que para evitar violencias absurdas me visto en silencio, me calzo los zapatos y salgo a la calle. ¿Qué día es hoy?, me pregunto, es justo la mañana del siete de enero. Pienso en la noche anterior, en los amigos que me acompañaron en la juerga estúpida. Aún tengo cocaína en los bolsillos, un gramo que a estas horas de la mañana me parece una tonelada. ¿Por qué carajos no lo consumí todo anoche? Ahora tengo que comenzar de nuevo.

Camino por avenida Revolución buscando la única cantina que está abierta. Entro. Pido una cerveza tan fría como la vagina de un tiranosaurio, o el culo de un miserable, o los pies de todas las mujeres muertas. El mesero no me ve a los ojos, pero sabe que estoy tratando de recuperar el juicio. Intento recordar lo que sucedió anoche, reunir los pedazos, ver entre la niebla química los rostros que me acompañaron, pero me es imposible reconocerlos; varias noches se despeñan dentro de mi cabeza confundiéndose entre sí, haciéndome sentir un minusválido. Después de todo no es tan malo, ¿para qué quiero recuperar una mente que siempre ha estado a la deriva? Formo una línea sobre la mesa, nadie me ve, el cantinero me da la espalda, el mesero armado de una escoba desvencijada empuja una mancha de agua hacia la calle. Un línea para que la memoria transforme su cuerpo de elefante en la silueta de una bailarina. Nada. La cabeza es una mina que estallará sin que nadie la detone. Mi nariz sangra en sentido contrario porque percibo un líquido tibio recorriendo mi garganta, escapando hacia el estómago: ¡Tengo un estómago! Ahora lo recuerdo: estuve en una recámara con varias personas, mujeres casi todas. También había un perro blanco que nos miraba con una extraña simpatía. Llamamos a un díler que tocó a la puerta justo a las dos de la mañana. Compramos dos gramos. El díler se fue a un rincón donde se acomodó a sus anchas. En seguida sus ronquidos colmaron la recámara. Alguien le puso encima una cobija. Lo despertamos para que volviera a pertrecharnos. Lo hizo y de inmediato volvió a sumirse en sus sueños indeseables. Comenzaba a amanecer, pero las cortinas estaban de nuestra parte. Hurgamos en nuestros bolsillos. Reunimos ochenta pesos con cincuenta centavos. Cuando nuestro huésped se dio cuenta de que no teníamos más dinero se levantó, nos tendió la mano, miró las paredes tratando de valuar los cuadros y se marchó. No encontró una sola pintura que valiera lo que un gramo. ¿Entonces qué hago ahora yo con un papel en la bolsa? Los recuerdos han vuelto a cambiar los platos de la mesa. Busco un celular, lo he perdido, como siempre en las madrugadas cuando uno quiere tirar todo a la basura, aligerarse, correr detrás de todas las mujeres que, como si nada, esbozan sus sonrisas insensatas. Abandono mi mesa para ir en busca de un teléfono. Llamo a Amanda.

¿Qué sucedió anoche?

-Te largaste sin avisar, como siempre.
-¿Dónde estuvimos?
-En mi casa.
-No recuerdo demasiado. Dime si me comporté como una persona decente.
-Por favor, Guillermo, ve a contarle tus penas a un sacerdote.
-¿Qué haces?
-Nada, seguimos en la fiesta. Te esperamos.
-¿Siguen allí?
-No importa que la gente sea viciosa, mientras sea inteligente.
-No te justifiques conmigo, no soy sacerdote y tu padre está muerto.

Vuelvo a mi mesa, la cerveza no está, el mesero me dice pensamos que te habías ido, no tenían muchas esperanzas de que les pagara, le extiendo un billete de doscientos pesos que he obtenido de un cajero automático, esto para que no piensen que soy un desgraciado, y si lo piensan que disimulen, malditos hijos de puta. Ahora tengo un dilema, quedarme toda la tarde en la cantina o compartir la cocaína con mis amigos. Continuar hasta el otro día o hacer de mis narices una mina de sal, escuchar confesiones estúpidas o quedarme solo a esperar que el tiempo decida por sí mismo. Puedo llamar a una de mis amigas. ¿Para qué? Todas las perras tienen su vida privada y yo no soy más que su cocaína. Ahora no pueden consumirme porque están chupando el pito de sus pequeños hombres. Nadie quiere consumirme a las dos de la tarde. Mi mujer está en sus clases de baile. Odia mi olor a noche pérdida, mi aspecto de borracho estúpido. Tengo que ahorrarle mi presencia, único obsequio que puedo ofrecer a las personas que quiero. El mesero balbucea una frase que no entiendo, ¿qué quiere? El vicioso quiere una línea, lo que sea mi voluntad, sólo si me sobra un poco, por supuesto, ve a buscarla al baño en un minuto, me levanto, ahora soy el mesías que la clase trabajadora esperaba, vuelvo, el mesero sonríe, ahora es mi cómplice. Mi cuerpo es un costal de piedras, la cocaína sirve para echar unas cuantas piedras fuera, pero no es suficiente, necesito contarle al mesero que soy escritor, que me publicarán pronto dos nuevas novelas, que mi revista continúa flotando sobre el pantano, que vendo mis artículos al mejor postor, que mis amigos se han ido casi todos al carajo, que me vale madres la patria, que mi mejor amigo es el que me invita la siguiente línea, pero el efecto ha pasado y prefiero mantenerme en silencio, como debe hacerlo cualquiera que respete los sábados sombríos. ¿Dónde habrá quedado la anforita de plata que me trajo Joshua de Los Ángeles? La he perdido, como todo, como los libros, el dinero, los discos, mis lentes oscuros, el auto, me deprimo, pero con una línea basta para comenzar una conversación con el mesero. Quiere otra línea, hijo de puta, pero antes me tendrás que escuchar: ¿Alguna vez has tenido frente a ti a un escritor?

Literatura Escritores Ensayo Tradiciones

Mis muertitos

Por Lydia Cacho

Franz, un amigo de origen sueco que llegó a nuestro país un noviembre hace cinco años, me asegura que lo que más le impresiona de la cultura mexicana es la mezcla de alegría y morbo con que celebramos la muerte. Me dejó pensando, ¿morbo? No lo creo. ¿Alegría?, ciertamente. Le pregunté a cuántos muertos ha visto en sus 47 años. Resulta que a ninguno. Sus abuelos se murieron pero no lo llevaron al entierro por que era un niño. Yo en cambio, sí tengo una historia.

El primer muerto que vi era el General del Ejército que vivía en el departamento número 102 de la calle Donatello, en la colonia Mixcoac. Yo vivía en el 104 y el señor, que me parecía un anciano, tenía 60 años. A su esposa “la señora Anita” yo la adoraba. Recuerdo clarito que llegaba yo de la escuela a los 10 años, nomás abrir la puerta hacia la escalera me topé con unos señores malencarados cargando una camilla cubierta por una lona plástica color verde militar. Flaquita que estaba yo, me quede atrapada contra la pared y la camilla inclinada con el bulto ¿Qué traen allí? Les pregunté en mi incipiente curiosidad periodística. Un muerto, dijo el que iba en el lado superior, y de tajo le bajo tantito al cierre. Yo, contrario a lo que seguramente esperaba el funerario, me asomé sólo para descubrir el rostro palidísimo del militar. ¡Ah! Recuerdo que dije, y subí corriendo preguntándome si tendría algo de malo ver un cadáver a mi edad. Tenía la impresión de que algún mal causaría estar cerca de un difunto en la infancia. Más tarde entendí que son mucho más peligrosos algunos militares vivos que fenecidos.

En secundaria, mi mejor amigo Carlos Aguilar, decidió quitarse la vida, De su fallecimiento recuerdo una suerte de evento rockero y triste en el campo de deportes del Colegio Madrid, donde se callaba el tema del suicidio.

Luego un ex galán muy hippie que se llamaba Juan Sisniega se fue a morir en un accidente y con él nació mi primera tragedia amorosa. A los 17 la muerte me agarró con otro militar: mi abuelo paterno, que se fue a morir afianzado de mi mano como si fuera la vida misma, y diciendo quién sabe que cosas. Lo lloré muchísimo, de amor y de susto.

Hace unos años, como en cascada, se fue mi abuela materna a quien amaba como una maestra de la vida, ella me enseñó a cocinar, a entender la justicia y a saber que no se vive igual en México que en Francia o en África negra. Poco después mi abuelo Zeca, un portugués amoroso y jovial se fue tras ella seguro de amarla en “la vida después de la vida” en que él creía fervientemente. En estos años he visto morir a mucha gente en Cancún, a niños y jóvenes con VIH sida y a sus madres. Lo cierto es que le perdí el miedo a la muerte y por eso aprendí a amar más a la vida.

Hace unos años despedí a mi madre, quien le dio una batalla campal a la Parca durante tres años. De ella heredé la necedad para enfrentar el destino manifiesto.

En Quintana Roo, cada principio de noviembre, la gente celebra a sus muertos y muertas, ofrece bebidas de balché, mucbilpollo y tamales. Arropan de cempazuchil e incienso las tumbas y las mesas. En maya le llaman Hanal Pixan. Yo nunca he visitado la tumba de mi madre que yace junto a su mamá en un mausoleo del DF. A mis muertos y muertas les gozo diariamente, les brindo seguido un tequila o un mezcal, les honro con su alegría y sus fados portugueses, les veo en las fotos enmarcadas por toda mi casa. Les canto y hablo como si estuvieran a mi lado. También les pido consejo y bendición en momentos difíciles; les llevo en el alma y en mis gestos, en el gozo de la vida, en la certeza del recuerdo. Pienso en la frase favorita de mi abuela Marie Rose: “en vida, hermana, en vida” y entiendo el privilegio de haber sido criada sin miedo a la muerte, con amor a la vida, propia y ajena. Eso sí, me queda claro que siempre es mejor dar y recibir flores y amores estando en este mundo, que esperar a la muerte. Y tú ¿honras a tus muertitos?

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Carta a un amor ausente parte 2

 

Una corona fría me ayuda a sobrellevar mejor las novedades que por amigos en común me llegan en la distancia sobre ti...las voces cercanas que vienen y van me cuentan que estás acabado...me hablan de que según tu ya llevas una vida más ordenada, pero tu fiel amante sigue siendo el exceso...le fuiste más fiel al exceso que a mí, tu puedes abandonarlo todo: menos el exceso que te envicia...y las voces perturbadoras me cuentan que llegas temprano a casa para cenar y dormir...con la cornuda...que ternura. entonces recuerdo tus frases geniales de telenovela de televisa: "tú y yo somos uno para el otro, lo nuestro viene de otras vidas, tú eres el amor de mi vida"...me conociste hace 8 años, y con tu perfecta carita de hipócrita me enamoraste como total pendeja...bailaste el jarabe tapatío encima de mi amor por ti, y te largaste de mi vida como vil ladrón, cobardemente...5 años después volviste...con la misma cara de perro apaleado, reclamando comprensión y amor...y la misma pendeja de diario: te perdonó y recibió como si años atrás no hubieras causado una tragedia en mi vida...los terrores del tiempo volvieron uno a uno a mi vida, con tu voz, con tu risa de adolescente de secundaria, también volvió la gloria...la dicha, la ternura, el placer, y el amor verdadero....el verdadero amor de mi vida...cada vez que regresas con los años: el amor ha regresado...y yo vuelvo a sentirlo...es como subir arduamente una montaña, y desde ahí contemplar las luces de una gran y esplendida ciudad...volver a sentir el verdadero amor en tu boca, en tu beso de fingida gratitud y en tus brazos: es descubrir y pisar el cielo prometido...pero que caro precio hay que pagar por estar en ese cielo solo un corto tiempo...la cuota es muy alta...yo la he pagado años...dura y cruelmente...eres el amor de mi vida y yo tengo que terminar con esa desgracia que mina mi existencia...eres el amor de mi vida y tienes que dejar de serlo...lo malo es que siempre te comportas piadoso, noble y amoroso conmigo...y lo que yo necesito es que dejes de ponerme tu carita de buena persona y me tomes de los hombros y me sientes frente a ti, y me veas a la cara y me digas viéndome a los ojos que jamás me amaste, que lo nuestro siempre fue una gran mentira...con toda la frialdad y la crueldad posibles...tú tienes la llave para liberar los tormentos de mi alma, solo tu puedes volver a darme esa libertad que hace años, desde que me enamoré de ti: no poseo...te lo suplicaría hoy, que volviste a perturbar mi vida cuando yo ya vivía resignada a no volver a verte...se lo exijo al verdadero hombre que eres y que solo tu conoces, libérame, libérame para siempre, para que yo pueda volver a intentar ser feliz, para poder olvidar la historia que vivimos desde hace casi 10 años...desata mi alma de estas cadenas que he arrastrado por años...soy una mala mujer que anoche bebió muchas cervezas y fumó 2 cajetillas hablando de ti con un extraño hasta la madrugada...desde que te conocí yo soy solo un estúpido ente gris, que vaga entre sombras dando tumbos a lo imbécil...ya no quiero seguir siendo eso...añoro llegar a experimentar la sensación de un solo día en el que tú no seas lo primero y lo último en que pienso al levantarme y acostarme...anhelo el glorioso día en que deje de pedirle a Dios por ti y me valga cien chingados tu destino...hoy, a casi un año de habernos vuelto a encontrar: yo te ruego que regreses, solo a abrirme los ojos, solo a ponerme los pies en el suelo, solo a desesperanzarme, solo a devolverme la mujer que yo era antes de conocerte...a volver a ser yo...se lo pido a Toto, se lo ruego a SAS, se lo exijo a Salvador, porque Salvador después de todo el dolor de 8 años: me lo debe...