Hace un año fui feliz...si, debo admitirlo, fui feliz, viendo la felicidad como un fenómeno extraño raramente experimentado en mi vida...hace un año fui feliz, pero, ¿Qué es la felicidad?, ¿se han puesto a analizar ustedes que cosas o situaciones los han hecho sentirse felices y en que determinadas épocas de sus vidas?...echando mano a mi memoria, recuerdo que mi niñez no fue muy feliz que digamos, la posición económica de mi familia era más que buena, recuerdo que una vez le pregunté a mi papá si éramos millonarios, mi padre me respondió que si, tomando en cuenta que poseíamos millones de pesos. Vivíamos en una gran residencia donde a menudo pasaban fenómenos paranormales, yo hice mi primaria en varias escuelas de paga, y cada vez que me estaba acostumbrando a una, sin decir agua va, mis padres me cambiaban de escuela, a eso le atribuyo hoy en día mi naturaleza inestable; recuerdo, que en la escuela siempre fui buena alumna, algo floja si tomamos en cuenta que asimilaba muy rápido las cosas que me enseñaban, y más de 2 veces terminé preguntándole a mis maestros "si no tendrían algo más interesante que enseñarme"...la relación con mi madre era fría y distante, siempre sentí una abierta preferencia de ella por mi hermano Carlos, mi papá era más afectuoso conmigo, y su trato hacía nosotros como hijos: era imparcial y diplomático, supongo que por haber sido en mi niñez más cercana a mi padre, es que yo tengo en mi edad adulta una personalidad más ambigua y masculina. no obstante yo llegué a sostener fuertes enfrentamientos a grito pelón con él desde que yo contaba con tres tiernos añitos, ¿motivo?: defender a mi madre de sus pleitos maritales...lo único que recuerdo que me hacía verdaderamente feliz en ese entonces: era escuchar música y estar con mi abuelito Carlos...mi abuelo era el abuelo perfecto, cariñoso, alcahuete y consentidor, yo, cuando era niña, y mis papás me iban a dejar los fines de semana a su casa: me sentía Heidi subiendo a las montañas nevadas para ver a su abuelito...creo que esas fueron algunas de las veces en mi infancia en que me sentí verdaderamente feliz, pues aunque teníamos dinero, yo nunca tuve todas las barbies que iban saliendo al mercado, a esa edad las niñas queremos juguetes, no ropa, y a mi me atiborraban de ropa, raramente de juguetes, rara vez tuve los juguetes que quería, mis padres preferían que tuviéramos la despensa llena a gastar su dinero en comprarnos juguetes...en los años ochentas descubrí a Michael Jackson, y un shock emocional se apoderó de mi durante el final de mi infancia y el principio de mi adolescencia, cuando yo veía bailar a ese hombre: era feliz, tomando en cuenta que a esa edad es más sencillo ser feliz en base al desconocimiento general de la vida y el mundo, ósea que era una felicidad basada en algo meramente elemental...puedo asegurar que Michael Jackson fue el primer artista que me impactó de manera devastadora y permanente...en la adolescencia comencé a sufrir los complejos propios de la edad de las confusiones, desde muy chica padecí depresión, pues sentía haber venido a la vida a encontrar un amor o un afecto que solo me perteneciera a mi, idealicé el amor desde muy chica, desde muy chica tuve largos periodos de tristeza y soledad, en la adolescencia me enamoré de un niño de mi salón que se llamaba Danny, era rubio y de ojos verdes, nos escribíamos cartitas de amor en hojas de hello kitty, las cartas que el me daba eran perfumadas, nos hicimos la pinta un día juntos y nos fuimos a ver la venganza de los nerds a multicinemas plaza del sol, a ese niño le di mi primer beso en el baño de los niños de la escuela, ambos cursábamos sexto grado, y yo era feliz porque tenía noviecito con carita de bebé gerber, que se había casado conmigo en la kermesse de nuestra escuela...han pasado 22 años desde todo aquello...y aún a veces, cuando escucho "silly love songs" de Paul McCartney, me pregunto que será hoy en día de aquel niño llamado Danny...en los noventas entré a la secundaria, creo que ahí me harté definitivamente de intentar adaptarme a las escuelas, entré en una rebelión importante, le pedí a mi padre que me sacara del campo de concentración que era la secundaría técnica donde me habían encarcelado, un lugar donde a nadie le interesaba motivar mis aptitudes artísticas, los maestros tenían faltas de ortografía, y cualquier sospecha de libre pensamiento en los alumnos era tomado por inmoralidad o desacato...como mi padre no me sacaba de ese infierno: comencé a hacerme la pinta escuchando a John Lennon en mi walkman, me salí de esa secundaria y terminé esa etapa de mi educación haciendo secundaria abierta de una manera más relajada para mi, a mi nunca me ha gustado que me impongan leyes, a esa edad a mi ya no me motivaba más nada que expresarme escribiendo, lo único que me hacía feliz entonces: era el descubrimiento artístico y mi abuelito, pero en un giro desafortunado del destino: mi abuelito se murió...desde aquel entonces yo ya quería escribir, publicar mis ideas, que la gente me leyera...pero me dediqué a cantar los siguientes 12 años, canté en comerciales de tv y radio, canté en festivales, canté en televisión, canté y canté...hice algo de cine a los 19 años, cuando tenía 21: murió mi padre, un par de años más tarde nació mi sobrina Lía del Carmen: otro irrepetible momento de gran dicha en mi vida, nunca olvidaré la primera vez que la cargué en mis brazos, era diminuta, prematura, cálida y frágil...perfecta. Hasta la fecha la considero la hija que nunca he tenido...en materia de amores mi vida era gris oscuro, entre mis amores conté a un intento de fotógrafo empleado de la CFE, un guitarrista de un grupo de punk underground, y un escritor 20 años mayor que yo...después vino a mi vida Jorge, un joven asesor de político, y quisiera decir que fui feliz, pero no fue así, la ambivalente relación tormentosa de encuentros y distancias duró 3 años entre besos, insultos, cachetadas y abrazos...luego de aquello, a los 26 años conocí a Toto...y créanme queridos lectores: una nueva dimensión de felicidad se me abrió de par en par, gloriosa, luminosa, como un tesoro buscado largo tiempo...el amor llegó, llegó como un poderoso tsunami, no lo pude evitar, y una vez inevitable: no lo pude contener...el amor llegó en la forma de un sencillo muchachito de pelo engomado y chamarra de cuero negro, que miraba de manera curiosa y sonreía de un modo natural, relajado, despreocupado...y sin temor a equivocarme, puedo jurar que nunca en la vida fui yo más feliz, tan feliz, que en muy poco tiempo supe que si no pasaba el resto de mi vida a su lado: yo no sería completamente feliz nunca más...la felicidad hizo escala en mi vida un año y medio...comprendí con Toto a mi lado, que la felicidad más genuina de la vida: proviene directamente del amor...la felicidad hace que una se sienta renovada, con entusiasmo por la vida, con planes a futuro y ojos brillantes...nunca en la vida fui mas feliz que entonces, nunca antes ni nunca más después...el amor llegó y el amor se fue buscando otras emociones, y no volví a verlo en muchos años, y mi vida se sumió en un pozo húmedo oscuro y pantanoso de desdichas y añoranzas, así que viví 3 años en vagas tinieblas...hasta que encontré a Alejandro...Alejandro me amó como nadie nunca me ha amado, Alejandro me ama como nunca más lo hará nadie...encontré un joven hombre, guapo, culto y sensible, me casé con él, y nos fuimos a vivir juntos, fui feliz en otra proporción más tranquila de alegría, ese amor no era pasional ni avasallador como el que conocí con Toto, con Alejandro yo fui una relajada ama de casa, cuya felicidad radicaba en ordenar mi hogar, prepararle la comida diaria a mi marido, esperarlo con su cena lista y su ropa limpia cada noche, y cambiarle su caja de arena a nuestro gato cada 3 días...luego vinieron las broncas y nos separamos en 2008...entonces Toto volvió...yo lo recuerdo así: "y ahí estás, después de recordar largos años un solo amor que lo significó todo en tu pasado, estás ahí, temblando de emoción sabiendo que la persona que significó toda tu dicha años atrás: volverá a reencontrarse contigo en solo unos minutos...y de repente lo ves detenerse a tu lado, en un carro nuevo que no le conociste en el pasado, y cuando la ventana polarizada de la puerta va bajando y descubres dentro de ese carro a esa persona tan recordada y valorada tanto tiempo: los segundos se congelan y la gente alrededor se mueve en cámara lenta, ves esos ojos mirándote, y esa boca sonriéndote con esa sonrisa adorada que tanto anhelaste volver a ver tantos años perdidos...ni cuenta te das de si ha cambiado o si está más jodido o más delgado, tu lo ves perfecto, y entonces lo sabes, lo sientes, te lo dice la vida, te lo grita el destino: esa es y será por siempre la felicidad más genuina que conoces, no hay nada sobre el mundo que se le pueda comparar...el amor habla despacio, y su voz es el cantar de los cantares, y despide un fresco aroma a flores recién cortadas, y la tibieza que emana su cuerpo te hace sentir protección y ternura, y tiene sin duda las manos más confiables del mundo, y sus ojos tienen una mirada única, irrepetible por más que se busque, son unos solos ojos, y esa es, una boca única también, tanto, que al solo nuevo contacto de tus manos con las suyas: sientes que vuelves a casa, y la felicidad está ahí, en todo lo que él es a un lado tuyo, y tu puedes volver a sentir la felicidad al alcance de la mano, y valoras como nada en la vida poder tocarla una vez más"...esa etapa, hoy, hace un año: fue de inolvidable felicidad para mi...escuchaba a Dido cantar todo el día "here with me", me mareaban en mi lecho los aromas a amor retornado muchas horas después de que Toto se marchara de mi casa, abría las ventanas y la luz entraba grande, plena, radiante en todos mis espacios, y yo deseaba gritarle al mundo entero que todos se habían equivocado, que yo siempre había tenido razón, que ese hombre me amaba, y por eso había regresado junto a mi...estos son, queridos lectores, las cosas, que han significado la felicidad en mi vida...queda más que claro, ¿verdad?, por eso escribí al principio de este post, que hace un año fui feliz, hasta hace un año, fui feliz, y bendigo a Dios, al destino o quien haya sido responsable directo de la felicidad perfecta que viví el año pasado, aunque hoy, un año mas tarde: ya no tenga el motivo de esa dicha junto a mí...



Por Lydia Cacho





