Por Dammiel Mora
Alejandro, mi compañero de vida de los últimos 4 años, y yo, nos vimos este domingo pasado en alguna calle del centro de mi ciudad, Guadalajara, para pasar la tarde juntos, quedamos de vernos a las 2:30 pm a una cuadra del santuario, pero mi romeo de rizos engomados llegó medía hora después, (Ale nunca se ha caracterizado por su puntualidad de caballero inglés), después de aventarle a la jeta un largo reclamo, nos dimos el acostumbrado beso de piquito y nos tomamos de la mano, caminamos hacia el mercado corona platicándonos las novedades semanales de nuestros trabajos…en el mercado corona nos comimos 2 tortotas de pierna dorada, (aquí a ese tipo de tortas que son grandotas y de pierna les llaman “tortas locas”), y seguimos caminando las calles del centro como desde hace cuatro años, cuando nos conocimos: dándonos largos besos, mirando aparadores, haciéndonos bromas…después nos metimos a un bar y nos bebimos una cubeta de coronas frías, Ale me tomaba fotos con su celular nuevo, yo le tomaba fotos a él con el celular que me acaba de regalar, comimos 6 platos de palomitas con chile, y yo me pasé la tarde quejándome de que en esos bares parece que no conocen otra música para ambientar que no sea de banda, (y que me perdonen los banderos, pero es que para empezar: a mi eso no me parece música), en ese momento comenzó a sonar “tu de que vas” de Franco de Vita, (la canción de nuestro amor), y los 2 guardamos silencio, y nos miramos a los ojos adivinando ambos lo que sentimos cuando comenzó esa canción…sentimos que nos encontramos hace 4 años, que nos hicimos novios precipitadamente, que más precipitado fue irnos a vivir juntos de inmediato, luego nos casamos, y vinieron meses de no terminar de acoplarnos, meses de darnos cuenta que éramos completamente opuestos, meses de compartir un amor intenso lleno de gritos, besos, riñas, escándalos, ofensas, violencias, abrazos, te odios y te amos sin final…3 años compartimos techo y cama, yo le tenía el departamento limpio, su ropa perfumada y la comida lista cada día, dormíamos abrazados, tuvimos 2 mascotas, 2 gatos que fueron nuestros hijos amados…y hace un año ese apasionado amor de intensos altibajos llegó a su limite de paciencia, y nos mandamos categóricamente a la chingada…y la separación fue igual que todo en nuestra historia: precipitada, Ale tuvo sus romances lejos de mi, y yo me consolé esperando rehacer mi vida con mi gran amor de hace 8 años…al final tanto los intentos de Alejandro como los míos por ser felices separados: fracasaron, una tarde nos vimos, hicimos memorias, reímos, lloramos…volvimos…y las broncas no han terminado, a fin de cuentas Ale y yo seguimos siendo completamente distintos, pero ahora somos más pacientes, más tolerantes, menos egoístas…no hemos vuelto a vivir juntos, aún estamos temerosos de reiniciar aquel paraíso-infierno en que vivíamos, Alejandro nunca ha aceptado mi personalidad de escritora, ama a la mujer detrás de mi alter ego, pero odia todo lo que representa Dammiel Mora, no le gusta que intensa y desgarradoramente escriba de mis ex amores, es un hombre muy celoso, me ha tomado años imponerme y hacerle entender que mi libertad creativa no está a discusión y es un terreno sagrado en el cuál no le permito opinar ni decidir cosa alguna…a Alejandro no le ha quedado más que aceptarlo resignadamente, de igual forma yo ahora soy más tolerante con cuestiones de su personalidad que durante nuestro matrimonio no le aguantaba…en este último año vivimos una tormenta que casi destruyó nuestra relación para siempre…y finalmente volvimos a sacar a flote nuestro barco…nos vemos 4 veces por semana, 3 en algún restaurante o bar, donde reímos, bebemos, comemos, y los domingos nos vemos desde temprano en su casa, le cocino lo que le gusta comer, vemos la tv abrazados, hacemos el amor tranquilamente, los fantasmas del pasado no los tocamos, no hablamos de lo que nos hace daño, no nos hacemos reproches, este año ambos estuvimos muy enfermos: yo con mis crisis de ansiedad y él tuvo principios de apendicitis, él me cuido en mi enfermedad y yo en la suya…nos apoyamos como la pareja que a pesar de cualquier cosa: somos desde hace 4 años…el lazo entonces se reforzó más que nunca, pude ver el domingo pasado, que Ale me mira con un amor con el que ningún hombre me ha mirado jamás…mi escritor favorito, Ricardo Garibay, escribió un libro soberbio, una novela hermosa llamada “el joven aquél”, que trata sobre el amor de su vida, una mujer que conoció siendo un adolescente en la escuela, con la que vivió un gran amor, y que nunca, hasta su muerte: pudo olvidar, esta mujer se llamaba Nadia, pero Garibay se casó con Minerva, y esta mujer supo respetar su obra sin entrometerse en ella, por eso Garibay nunca escribía sobre ella, su esposa no quería ser musa, ni que los lectores de Garibay hablaran de ella, ella se mantuvo dignamente en el lugar que tuvo: el de esposa y compañera del escritor…y duraron juntos décadas, hasta la muerte de Garibay. De igual manera yo rara vez escribo sobre Alejandro, pero el mundo entero sabe que él es mi pareja, mi compañero de vida, mi cómplice de locuras, mi mano derecha, mi aliento…yo escribo de mis cosas cotidianas, de las injusticias que veo en el mundo que me rodea, escribo sobre mi familia y sobre algún amor, el más intenso de mi pasado…pero cuando me enfermo o necesito una mano: la que me sostiene es la de Alejandro, la luz que veo en total oscuridad: son sus ojos…que han sido para mi faros, los últimos 4 años de mi vida…yo no sé cuanto tiempo estemos juntos, no sé si algún día tomaremos rumbos distintos de nuevo y esta vez para siempre, lo que sé es que Alejandro ya se ganó su lugar en mi alma, y que el hombre con el que camino diariamente de la mano en la actualidad: es él…esa tarde salimos del bar y caminamos Pedro Loza para despedirnos nuevamente en el santuario, en el camino le tomamos fotos a casas antiguas, (porque a Ale y a mi nos gusta mucho la arquitectura colonial y las casas viejas del centro), las cervezas consumidas nos hicieron decirnos 7 veces “te amo” en cada esquina, y nos fuimos cada uno a su casa con la sensación grata de haber compartido la tarde con alguien que ha estado con nosotros en las buenas y en las malas, en lo prospero y en lo adverso, tal vez a futuro para todos los días de nuestras vidas…¿necesitamos volver a casarnos para reafirmarlo?...¿necesitamos volver a vivir juntos para arriesgarnos a enfrentar nuestras diferencias y volver a darle en la madre a nuestro amor?...por el momento: no. Por el momento estamos juntos, vivimos el aquí y ahora, el hoy inmediato, y si no compartimos un techo, no importa, el centro siempre ha sido nuestra casa, y Ale, esto es para ti, que lo oiga el mundo y lo escuche Dios: yo he sido tan feliz contigo!!!
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->





